Costa de Málaga

Nerja – Frigiliana – N340

Del 31 de octubre al 2 de noviembre

Hace poco pasamos un fin de semana recorriendo la costa de Málaga y me quedé con ganas de quedarme más tiempo. No fue solo por el mar o el clima (que son una maravilla), sino por esa mezcla de tranquilidad, buena comida y rincones que invitan a desconectar. En este post quiero contarte cómo fue mi visita, los lugares que más disfruté y algunas pequeñas cosas que hicieron el viaje especial.

Día 1: Playa de las Alberquillas

Nuestra primera parada fue la Playa de las Alberquillas (perteneciente a Nerja), un rincón tranquilo y salvaje de la costa malagueña. Aparcamos y pernoctamos en un camino junto a la N-340, una zona con un ambiente algo alternativo, donde coincidimos con varios viajeros —en su mayoría franceses de vida hippie—, muchos perros sueltos y, en algunos puntos, bastante suciedad. También tuvimos la inesperada visita de unas cuantas hormigas curiosas que se colaron en la autocaravana 😅.

Aun así, todo eso quedó compensado por las impresionantes vistas al mar y a la playa desde lo alto del camino. Hay numerosos espacios para aparcar, tanto en esa zona como un poco más adelante, aunque conviene recordar que no es temporada de baño y los accesos pueden variar según la época del año.


La playa en sí es pequeña y se encuentra en un paraje natural protegido, por lo que no está permitida la acampada. Sin embargo, nos encontramos con algunas personas que parecían vivir allí de forma permanente. No sabemos si se considera oficialmente playa nudista, pero al menos en esta época del año había varios bañistas practicando nudismo con total tranquilidad.

Decidimos almorzar en la autocaravana, ya que no hay restaurantes ni servicios cerca, pero el lugar lo compensa con su belleza. Desde la playa pudimos disfrutar de un atardecer precioso, viendo cómo el sol se escondía lentamente en el mar, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados.La noche fue muy tranquila, arrullados por el sonido del mar, y al amanecer disfrutamos de un espectáculo inolvidable: el sol asomando sobre el horizonte, visible directamente desde la ventana a los pies de nuestra cama.

Día 2: Frigiliana y Nerja

Al día siguiente decidimos hacer un poco de turismo de interior y nos dirigimos a Frigiliana, uno de los pueblos más bonitos de la Axarquía malagueña. Aparcamos a la entrada del pueblo, donde —si tu autocaravana o camper no es demasiado ancha— se puede estacionar sin problema.

Paseamos por sus calles empedradas y llenas de flores hasta llegar al centro, donde hicimos una parada en el Bar El Lagar para disfrutar de un vinito Moscatel con vistas al pueblo y a las montañas.



Tras esta breve parada, continuamos el paseo hasta uno de los miradores más bonitos, el Mirador de Santo Cristo, desde donde se obtiene una panorámica espectacular del casco blanco y los campos que lo rodean. De regreso, aprovechamos para comprar algo de merienda en Panadería Manolo, donde probamos sus tortas de aceite caseras y algún que otro pastelillo irresistible.


Para almorzar, volvimos a Nerja y estacionamos en el Parking Carabeo, muy cerca del centro y a pocos minutos del famoso Balcón de Europa, una parada imprescindible para contemplar el Mediterráneo desde lo alto del acantilado. Por la tarde visitamos una de las calas más cercanas, la Cala Carabeo, aunque por las fechas y la orientación de la playa ya no quedaba sol.

Al caer la noche, dimos un paseo por el centro y cenamos en el Restaurante Sekai, totalmente recomendable por la calidad de sus platos y la amabilidad del equipo. Probamos unos fideos udon con gambón que estaban sencillamente exquisitos. Antes de regresar a descansar, hicimos una última parada para disfrutar de un helado artesanal en una de las muchas heladerías del centro.

De vuelta en el aparcamiento, pasamos una noche muy tranquila, acompañados por otras autocaravanas que también pernoctaban allí.

Día 3: Nerja y N-340

Nos despertamos temprano y desayunamos en Los Churros Café, donde pedimos unas tostadas y unos churros con chocolate. El chocolate estaba delicioso, aunque los churros no nos convencieron demasiado. Con el estómago lleno, preparamos a nuestra gatita Sira y bajamos a la playa para hacer la digestión, regresando a la Cala Carabeo, que el día anterior no pudimos disfrutar.

Con nuestras sillas, nuestros libros y un sol agradable, pasamos una mañana perfecta frente al mar. El sonido de las olas era intenso —más inquietante que relajante—, pero el calor suave y la tranquilidad del ambiente compensaban con creces. Incluso me animé a darme un baño improvisado, ¡y eso que era 2 de noviembre!

Antes de almorzar, recogimos todo y emprendimos el regreso por la N-340, haciendo una parada en uno de los muchos miradores junto al mar que hay a lo largo de la carretera. Allí, con las gaviotas sobrevolando y el sol reflejándose en el agua, preparamos el almuerzo y descansamos un rato, disfrutando del momento y de las vistas.

Ya de camino, fuimos pasando por distintos pueblos costeros —Torrox Costa, Caleta de Vélez, Torre del Mar y Rincón de la Victoria—, disfrutando de sus panorámicas desde la carretera. Al llegar a Málaga tomamos la autovía en dirección a Sevilla, poniendo fin a esta escapada.

Por cierto, si viajas en autocaravana o camper, los mejores lugares para parar y disfrutar del paisaje los encontramos por la zona de Torrox Costa, con vistas espectaculares y fácil acceso para vehículos grandes.

Panorámica desde autocaravana costa de Málaga

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